sábado, 6 de marzo de 2010

La muerte de un poeta


Vivió recitando callado
sus versos,
mirando de frente a la cómplice noche
en sus ojos resecos cubiertos de niebla
a veces asomaba sonriendo la luna
pintando de nácar sus pozos escuros.

Tejió con sus dedos
el polvo del aire
volviéndolo lluvia al polvo de estrellas
Y aspiró el aroma que nace del alma
cuando llora la vida en la quietud del silencio.

Dotó de jazmines y dulces orquideas
los áridos suelos que piden clemencia.
Y esperó en vano de un cálido abrazo
que entibie y acoja el dolor de sus huesos.

Volcó sus poemas a las sombras mezquinas
hablándole en gestos y bailando palabras
Ni una mirada
ni una sonrisa...
Ni asomo de nada.

Su paso de errante apagóse un día
como tarde o temprano se apaga la vida
y se fué caminando siguiendo un lucero....
Se fué caminando.

Nadie leyó sus versos
y nadie le arrojó flores
ni tocaron su traje
remendado de historias.

Pero en sus bolsillos atados al cuerpo
llevaba cocido un canto el mas bello
plasmado de sueños y pájaros vivos
su voz de poeta y su alma de niño.




Margarita Parada Palma
(D/R)

2 comentarios:

PintaVersos dijo...

Precioso poema

Margarita Parada dijo...

Hola. Gracias PintaVersos por seguir mi blog de poesía. Gracias, también, por tus palabras. Saludos!