viernes, 26 de febrero de 2010

La calle


Hay sol en el ambiente aún cuando
las nubes oscuras amenazan con llevarse
de una buena vez el azul que se cae a pedazos
en una multitud efervecente de vida y movimiento.
Hundo mis manos en el fondo de mis jean gastados
buscando unas monedas para saldar la cuenta
de unas radiantes mandarinas y el jugo de las piñas
revienta en aromas cítricas que inundan de sonrisas la mañana.
El reloj de la torre de una iglesia anuncia casi las 9 AM .
Y entre el suelo y mis zapatos ,un millón de ojillos de polvo
chillan ante mis pasos presurosos rumbo al trabajo.
El perfume del mercado ,sondea por las ventanas abiertas
en busca de las cocinas dormidas mientras las mujeres corren
regateando los canastos postrados mostrando sus vientres
cargados de peras manzanas y verduras de la estación.
El reloj marca las 10 y comienza a llover.
Cambiando la textura de las hojas a un amarillo lustroso.
Y mas allá zigzageando por la avenida de asfalto
asoma el taxi-colectivo que me llevará al colegio
dónde la alegría no termina de borrarse nunca
en la cara de los niños.
Pude reir o llorar pero ya no hay tiempo
hoy lo perdí embelesada mirando el bullir de la vida.
Y con mis jean gastados y la bolsa de mandarinas que penden
de mis manos escucho sonar la campana acaban de marcar la 11.
ya es hora de cambiar el traje...
Y la sonrisa que se pinta en la inercia de los tiempos vividos
comienza a desdibujarse como sueños en una bola de cristal.




Margarita Parada Palma.
(D/R)

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