martes, 2 de febrero de 2010

La fiesta de la Candelaria


Ubicado en el último de los pulmones verdes
de un largo camino entre grises amarillos
y polvos escampados.
Emerge un pueblo escondido entre cerros
casi llegando al desierto.
Hoy levanta la mirada al azul siempre diferente
La fiesta de la Candelaria cuyo férreo fervor
popular se enhiesta en los huesos del cobre minero.
Amanece con los gritos acompasados de los tambores
la energía de los bailes, las máscaras,los trajes de luces
los colores derramados ,por todos los rincones
y en todos los espacios.
Un ritual que permanece por generaciones
en los credos cálidos del norte.
Miles de techumbres improvisadas se alinean
por doquier repletos de variedades en mercaderías
desde simples bagatelas hasta tipos de loza china
vestimentas ,muebles y algunos electro- domésticos
causando el entusiasmo de turistas que con sus okey
inmortalizan los minutos con sus cámaras digitales
que penden resignadas de sus cuellos.
Mas allá gritan ofreciendo helados refrescos golosinas
el calor supera los 30 grados al a sombra.
¡No hay salud!....Y yo que vengo de tan lejos....
La tarde comienza a calmar sus ardores,
aún cuando los autos atropellen sus dolorosas
latas en el cemento.Arde el pavimento... Arden las pisadas
y entre la multitud enardecida por el sudor y el cansancio
aparece una pequeña figura recién vestida con su traje
en pedrerías ...Recién peinados sus cabellos morenos
Ella ...La virgen de la Candelaria pequeña figura para ser tan grande
Acaricia con su mirada de cristal mas allá del horizonte.
Cuentan los historiadores que fué encontrada enterrada
en una mina abandonada hace ya algunas décadas.
Comienza a refrescar la tarde y el movimiento humano recrudece.
Mezclan el aire los sonidos tropicales de una banda
con aromas de guisos dulces y picantes.
Las multitudes van y vienen ...entran y salen
como regueros de hormigas.
Rien, lloran, hacen el amor y cantan letanías incansables.
Una fiesta mas...
Una fecha mas..
Un momento.
Que se instala en el calendario de todos los años.
Al fin mi corazón acelerado por la ansiedad
temblándome en las venas pude acercarme al tumulto
y sentir en la piel la ternura de la virgen.




Margarita Parada Palma.
(D/R)

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